Es normal en un deporte como el nuestro, tener sueños de conseguir un rendimiento único para nosotros. Hacer atletismo es una lucha diaria contra nuestro propio esfuerzo y esa lucha te inspira y anima a tener esos sueños que, cuando vamos creciendo van volviéndose más ambiciosos. Primero campeonatos autonómicos, luego nacionales, más tarde internacionales, etc... También juegan aquí un papel importante aquellos que consiguen esos sueños más próximos con más facilidad, los atletas talentosos. Uno entiende que esos atletas tienen la oportunidad de su vida y ves en ellos la posibilidad de que, realmente, esos sueños se conviertan en realidad. Es entonces cuando te has de dar cuenta de si estás capacitado técnicamente para una empresa así o tienes que guiar el futuro de esos atletas hacia otros sitios, con gente con experiencia sobre esas competiciones. Lo que está claro es que la dimensión de la empresa cambia.
Recuerdo que cuando empecé en esto, alucinaba con cualquier marca que hiciera un atleta mío. Una vez, hace muchos años ya, tuvimos en el grupo una chica cadete que corrió los mil metros en 3 minutos y 16 segundos. Realmente creíamos estar entrenando a toda una campeona de Catalunya cadete, pero nunca ganó una medalla. Había que correr mucho más. Era lo de más nivel que teníamos allí. Luego pasaron muchos atletas, y hacer una mínima para un campeonato de España de categorías menores era todo un subidón de nuestro ego. El atletismo absoluto a todos los niveles, incluso el autonómico, estaba tan lejos. Veía que jamás llegaría a tener un atleta en un campeonato de España absoluto, era una quimera aquello. No tenía los atletas para ello, pero sin saberlo me estaba formando buscando mi propia identidad como entrenador.
De repente, todo cambió, se generó una dinámica única. Aparecieron verdaderos talentos y empezó un esprint de ir aprendiendo poco a poco a gestionar cada vez campeonatos más importantes, resultados más importantes, atletas más importantes, más adultos y sobre todo con un ego cada vez más marcado por esos "éxitos". En realidad, aún hoy, por más medallas que haya ganado con mis atletas, considero que no he empatado con nadie. Como he dicho otras veces, sigo siendo un ignorante en la materia en proceso de formación. En este esprint sufrido en los últimos años, siempre he considerado lo más fundamental el entender que significaba cada paso, cuanto esfuerzo costaba, y cuanto había que valorarlo. Tenemos contacto con infinidades de deportistas y sabemos cuanto se sacrifican muchísimos para lograr sus objetivos. Por eso, siempre he entendido que los resultados dependen de uno mismo, del sacrificio de uno mismo, de la actitud de uno mismo, del trabajo de uno mismo. Siempre he dicho a mis atletas que solo podemos controlar aquello que nosotros hacemos, y sobre todo, que aquello que nosotros tiremos, aquel entreno que no realicemos, aquella oportunidad tirada por la razón que sea, siempre será recogida por otro deportista con muchas más ganas que nosotros y que persigue nuestro mismo sueño. Cada gesto nuestro lejos de nuestra oportunidad, será aprovechada tarde o temprano por otra persona con el mismo grado de sacrificio, mismo talento, pero que de verdad quiera aquello que persigue. Ley de vida!
Estamos a principio de temporada de un año olímpico. La prensa y las redes sociales me han podido enseñar con cuanta ambición, compromiso, ganas y motivación han empezado a entrenar decenas de atletas, unos con más talento que otros. Está claro que por la actitud mostrada por algunos, si no lo consiguen, cerca se quedarán de sus objetivos deseados. Que ambición y que amor por lo que hacen y por el verdadero reto que supone! Nunca he entendido esta "carrera" de querer lograr esos objetivos como una "ley de la jungla", al revés, siempre lo he visto como un trabajo artesanal, armonioso, arte científico lo podría definir, entre un atleta y su entrenador, con ese objetivo como santo y seña de un respeto, un trabajo y unos principios inquebrantables en el día a día. Es la suerte de poder coincidir poder trabajar con esa pequeña minoría que entiende la excepcionalidad de la oportunidad que tienen (realmente pequeña minoría).
Mi película habla de la oportunidad que puedan tener solo unos cuantos elegidos, unos privilegiados, pocos en este país, unos cuantos más en nuestro continente y aún más en el mundo entero. Pero en todo caso, una auténtica minoría privilegiada, que tras entender realmente el precio del sacrificio que hay que hacer, el valor que hay que darle, los principios que hay que tener, saben perfectamente el significado de, en un futuro, poder explicar que ellos consiguieron el sueño que perseguían en su vida. Creo que no está nada mal para los tiempos difíciles que corren poder sentirte realizado plenamente a nivel espiritual y poder compartirlo.



